El XIX Teatro de Cazorla cierra con 190 abonados y un “90 por ciento de ocupación en sala”

La dirección del festival hace un balance positivo de la edición, que concluye mañana con la compañía ‘Los Dedae’.

 

El Festival Internacional de Teatro de Cazorla cierra mañana su decimonovena edición con un balance de 190 abonados y con una media de un 90 por ciento de ocupación en sala en cada obra.

Así lo ha manifestado el director de Teatro en Cazorla,, Mario Olivares, que ha expresado su “gratitud y satisfacción ante la respuesta de la gente, que se ha volcado con el teatro”. Además, ha afirmado que “se han cumplido las expectativas de sala como ya ocurriera con el teatro de calle, donde Cazorla estuvo a reventar”.

Durante el puente del Pilar, en el Teatro de Calle tuvieron lugar 16 propuestas en espacios únicos de Cazorla, como las Ruinas de Santa María, las plazas de la Corredera, Andalucía y de la Constitución o el Paseo del Cristo.

En la programación de la 19 edición del ciclo, que se ha extendido durante el otoño y que concluye mañana, se han dado cita una treintena de grupos, entre los que figuran El Joglars, Los Ulen, el Centro Dramático Nacional o La Fura dels Baus, compañía que recibió el XIX Premio Ciudad de Cazorla.

La programación de Teatrino, ha completado con obras dedicadas a los más pequeños como ‘Tarzán, el musical’ (Rodetacón Teatro), ‘El árbol de mi vida’ (Pata Teatro) y ‘Alegría, Palabra de Gloria Fuertes’ (Teatro de Malta) la edición.

 

Obra

La compañía ‘Los Dedae’ cerrará mañana la decimonovena edición de Teatro de Cazorla con la obra ‘En el desierto’, que ya cuenta con el Premio Nacional de Danza 2006 o el Premio Shangay a toda su carrera e interpretada por actores de renombre como Ernesto Alterio o Chevi Muraday.

Siete personajes van hacia un lugar incierto. Escapan. Huyen porque fueron expulsados de su lugar de origen. La huida. La sensación de exterminio y persecución les acecha constantemente. Se cruzan. Se encuentran. Forman un grupo heterogéneo de seres con una necesidad común. Resistir. Crear. El cambio y la incertidumbre por el devenir se vuelve presente. Sobrevivir. Aguantar. No transigir. Atravesar el desierto. Descubrir que sosteniéndose los unos a los otros evitarán desaparecer.

Avocados a la nada, con lo poco que han podido conservar en la huida. Conviven, tienen que permanecer juntos para sobrevivir. Un estado de excepción, interno y universal. Un diálogo en el que las voces tienen que dejar atrás la desconfianza, el recelo, la estridencia de lo que han sido para dejarse llevar por el susurro del objetivo común, para unirse en un silencio de vida que pasa por la muerte misma. Como una manada de animales heridos que no matan muriendo, que se lamen las heridas para hacerse invencibles.