Exposición de Tomás Ayuso – Naturalezas Muertas

El próximo 26 de diciembre a las 20 horas en el Patio del Ayuntamiento de Cazorla inauguramos nueva exposición:

TOMÁS AYUSO

NATURALEZAS MUERTAS

El poeta trafica con emociones, el músico se apropia del espacio para congelar el sonido, el pintor profana la superficie límpida del lienzo y lo transforma, mediante un acto ritual, en su propio sacrificio.

La totalidad de la obra contemplada en esta serie que el pintor Tomás Ayuso ha titulado con rotundidad, Naturalezas Muertas, está repleta de animales decapitados, objetos destruidos y restos humanos arrojados a la intemperie del dolor, con todo el esplendor que sugiere la tragedia en materia estética. Su propuesta plástica es esencialmente noble, y esto no se debe a la magnitud del lenguaje utilizado o a la trascendencia de las actitudes, sino que, aparentemente o no, en ella se ha vertido mucha sangre.

Acaso el título elegido por el artista nos pueda llevar al equívoco de pensar que nos encontramos ante unas pinturas de género cuya evocación conectaría con los bodegones flamencos del siglo XVII, o se tratase de un reflexión profunda más allá de la muerte presente en tantas obras religiosas del barroco español; una especie de lección de vanidad o memento mori que nos recuerda la fugacidad de la vida. Algo de ello hay en los arriesgados planteamientos poéticos del pintor manchego, en esa representación de un inevitable final acelerado de las cosas terrenales. Sí, hay un halo existencial en cada una de las obras presentadas: la naturaleza es efímera y se descompone en el escenario de la vida.

Y después de esto, ¿qué queda? El pintor responde a esta imposible pregunta con el ímpetu sacrificial de su contundente pincelada. Es imposible individualizar cada uno de los cuadros que cuelgan de esta sala, el creador nos ofrece un completo holocausto convertido en una suerte de martirio, cuyo objetivo último es su particular inmolación. Al igual que realizaba su admirado Pollock, nuestro artista convierte el acto de pintar en una ceremoniosa performance, una suerte de abnegación cuyo protagonismo, intuimos, es el acto propio del proceso creativo, un trance emocional y vital durante el que se construye la obra. El espectador que contempla el aniquilamiento al que ha sometido cada una de las figuras se ve abocado a proclamar la actitud de Ayuso ante la pintura, cuyo hiriente cromatismo trasciende los límites del cuadro.

El rito de la pintura se ha consumado en un diálogo entre el artista y su obra; su arte no nace directamente del caballete aunque sea este elemento el soporte natural de la obra. El autor trasciende cada una sus obras, y pierde el miedo a hacer cualquier tipo de cambios, ni siquiera se plantea destruir la imagen, porque sabe que el cuadro posee vida (muerte) propia, y él se empeña en sacarla fuera. Establece así un estado de pura armonía, de recíproca espontaneidad, en ese caos organizado.

La temática de Ayuso en esta escalofriante serie que ha preparado, revela una profunda reflexión sobre el ser humano y su afán autodestructivo. Cada ser inanimado representado sobre la superficie del lienzo parece víctima de un proceso de descomposición originado por su desamparo, y una extraña y violenta opresión de fuerzas imprecisas. Resulta harto interesante el desbordado expresionismo de Tomás Ayuso, que parte de hechos posibles que detienen un momento imprevisto de la realidad. La metamorfosis execrable de las formas y el aislamiento insuperable del individuo en una perspectiva que habría que rastrear más allá de la modernidad, adquieren aquí un significado ético de acusación, un fascinante revulsivo que golpea con fuerza a quien ose fijar su mirada.

José Luis Plaza Chillón

Invitación-Naturalezas Muertas-TAI Cartel-Tomás Ayuso