APROVECHAMIENTO MADERERO DE VADILLO CASTRIL (S. XX)

Entre 1939 y 1986, el aprovechamiento de madera en los montes públicos de la Sierra de Cazorla se centró en la producción de piezas destinadas al ferrocarril, especialmente traviesas, imprescindibles para la reconstrucción de la infraestructura ferroviaria dañada tras la Guerra Civil. Además de traviesas, RENFE, a través de su división de Explotaciones Forestales, fabricaba otros elementos para la infraestructura ferroviaria, como cachas (traviesas dobles para cruces de vía), forros y pisos de vagones, así como postes.

La madera de la Sierra de Cazorla también se empleó en la construcción naval, con pedidos regulares de vigas de gran tamaño para los astilleros de Ferrol. Entre 1968 y 1972 se enviaban semanalmente vigas de hasta 16 metros desde el aserradero de Vadillo Castril (Nieto, 2023).

La escasez de combustible y de medios de transporte terrestre tras la Guerra Civil motivó la reactivación del transporte fluvial a partir de 1942. Desde entonces grandes volúmenes de madera fueron desplazados por los ríos Guadalquivir, Guadalimar, Guadalentín y Cañamares. Destaca la última maderada de 1948-1949, con más de 600.000 traviesas (Araque, 2007). Durante las décadas de 1960 y 1970, los montes de la sierra produjeron más de 400.000 traviesas anuales, aproximadamente el 50 % de todo el consumo nacional del periodo (Simón, 1968). En estos años se produjo una transformación significativa del sector, coexistiendo técnicas tradicionales manuales con métodos mecanizados, que terminaron imponiéndose. Para obtener este preciado recurso se necesitaba de toda una cadena productiva que dividiremos en:

Fase de corta

La fase de corta comprende diversas operaciones: el apeo o derribo del árbol, el desramado, el despunte, el pelado o descortezado y el tronzado. Las primeras tareas eran realizadas por los peladores u hacheros, encargados de cortar los pinos utilizando hachas y sierras de tronzar, además de efectuar el desramado y descortezado con hacha.

Con la llegada de RENFE en 1941 se introdujeron aserraderos móviles alimentados por locomóviles de vapor, instalados cerca de las zonas de corta en puntos como Los Ranchales y Vadillo Castril. Este último fue el único aserradero móvil que acabó convirtiéndose en fijo, y a lo largo de más de cincuenta años experimentó mejoras tecnológicas como la incorporación de energía eléctrica, gracias a la instalación de la central eléctrica de la Cerrada de Utrero, y una planta de descortezado mecánico. Actualmente sus instalaciones albergan el Centro de Interpretación de la Cultura de la Madera (CiCUM) (Nieto, 2023).

Fase de saca y transporte

El traslado de las trozas desde el lugar de tala hasta el aserradero —cuando no se había realizado un despiece previo— se efectuaba inicialmente mediante tracción animal, proceso conocido como ajorro. Posteriormente comenzó a utilizarse transporte motorizado. Entre las décadas de 1940 y 1970, para extraer madera de zonas de difícil acceso, se emplearon teleféricos forestales: se calcula que unos veinte operaron entre las sierras de Cazorla y El Pozo (Nieto, 2023).

Fig 10. Trabajadores de RENFE sacando traviesas de manera manual en la Sierra de Cazorla. Fuente. Majovi.

Texto de Manuel Mallenco Rodríguez

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